GRAMSCI Y LA REVOLUCIÓN CHAVISTA. Chavez y el pensador filósofo marxista italiano conciben la revolución como un profundo acto de amor.

Written by  Por Luciano Vasapollo y Rita Martufi

CUATRO F , Num 100 Diario 4F , semanal de PSUV (partito socialista unificato del Venezuela ) año 2 , Num 100 del 20 a 27 noviembre 2016.

La praxis gramsciana nos ha enseñado que los tres frentes en que se articula el proceso revolucionario no pueden desligarse de las condiciones en que conviven y dentro de las cuales actúan las fuerzas que luchan por la superación del capitalismo y con esta fuerza de la filosofia de la praxis gramsciana operò con continuidad revolucionaria y fuerza historica el comandante Supremo Chavez.

La izquierda anticapitalista, tanto en Italia como más en general en Europa, tiene que saldar cuentas con un protagonismo movimentista que se ha afirmando de manera particular sobre la forma partido después de la caída del bloque soviético. En un cuadro como éste, con un nivel cultural y una conciencia de clase bajo mínimos, replantear la estructura del partido de masas puede ser un grave error estratégico. El problema de la organización política no es cuantitativo, sino cualitativo; en ese sentido, retomar hoy las enseñanzas de Gramsci significa afrontar específicamente las cuestiones de la formación y de la autoformación, de la preparación de los cuadros, con una ética y una disciplina revolucionaria concreta.
Aquí vemos la batalla crucial de las ideas revolucionarias contra el eurocentrismo de izquierda, contra el euroreformismo, y nos gusta que se nos defina como eurochavistascuando proponemos la construcción de un bloque histórico de clase en Europa que sepa forjar la hegemonía cultural para la toma del poder.
Es a través de estos procesos de desarrollo cualitativo de la organización y no a través de su determinación formal como se construye la vanguardia en estrecha relación con la clase o, retomando otra expresión gramsciana, el Príncipe Moderno.
Lo que permanece en el pensamiento y en la praxis del Comandante Eterno Chavez de la praxis gramsciana es la necesidad de la revolución como proceso de toma del poder que finaliza con ltta construcción de la sociedad socialista pacífica y la construcción del hombre “nuevo”, para vivir inmediatamente la revolución como profundo acto de amor; y aquí retornamos al gran pensamiento y práctica de lucha cotidiana del Comandante Chávez, y entendemos mejor porqué me honra y nos honra que nos llamen fundadores del Eurochavismo.
¿Qué es concretamente la revolución y, específicamente, la revolución socialista? Para quien lo plantea en términos de hegemonía de clase, revolución es antes que nada la capacidad de identificar y favorecer un cambio de bloque histórico, como supieron hacer grandes revolucionarios como Fidel, Chávez, Evo Morales.
Como especificidad de la ciencia marxiana de la critica de la politica económica hay que subrayar que forma parte de las ciencias humanas, y no de las matemáticas. Un equívoco como éste, que cargan la gran mayoría de economistas (prescindiendo de su escuela), puede generar enormes distorsiones tanto en los análisis académicos como en los análisis políticos. Vender una materia que tiene tantas implicaciones en la vida social y política como si fuera una ciencia dotada de regularidades “naturales” –al nivel, por ejemplo, de la física- es una operación astuta orientada únicamente a enmascarar la ideología que yace bajo el estudio de la economía burguesa.
En los tiempos de la falaz teorización de la “sociedad líquida” es particularmente importante estudiar la composición y articulación reales de la clase y de la masa que debe plantearse el papel histórico de tomar el poder. La cuestión no debería ser con qué grupos y grupitos nos relacionamos en las manifestaciones y en el conjunto de las actividades, sino con qué clases y sectores de clase creemos que hay que construir el bloque social, con qué medios creemos que pueda triunfar nuestro proyecto revolucionario, la necesidad de nuestro papel hegemónico.
Antonio Gramsci no es el Gramsci que se estudia en las aulas universitarias y se elogia en los concilios institucionales, el intelectual que se limitó a analizar las contradicciones del fascismo, pagando las consecuencias; reducir el pensamiento gramsciano a estos escasos restos equivale a cometer un error imperdonable. El Antonio Gramsci con que intento confrontarme cotidianamente es, por el contrario, un convencido revolucionario, finísimo intelectual militante que no sólo captó de manera lucidísima las contradicciones del sistema capitalista, sino que empleó él mismo en la praxis cotidiana todo el aparato teórico marxista junto con lo que él había teorizado, organizando las fuerzas revolucionarias italianas en lo que, en el Congreso de Livorno del 1921, devino en Partido Comunista, y construyendo la idea del sujeto histórico y de la práctica del intelectual colectivo.
Hoy, las teorías gramscianas continúan en el nuestro proposito y enfoque revolucionario Eurochavista hablándonos y guiando nuestro papel de intelectuales militantes; si en nuestros días hay dificultades para refundar el Partido Revolucionario o el partido de la clase, el problema no es de naturaleza técnica, sino política y de desarrollo histórico exclusivamente.
Poner de nuevo en el centro el problema político significa reiniciar desde la práctica politica del Comandante Supremo Chavez, construyendo hegemonía en la sociedad para la transición, interactuando para organizar la resistencia y desarrollar la nueva cultura hegemónica no solamente para el gobierno de la sociedad, sino para la toma y la gestión del poder de clase. Éste es el significado histórico realizado en la práctica de la lucha de clases por el poder de los grandes Comandantes revolucionarios como Fidel, Chávez, Evo. Es por esto por lo que hablamos de construir procesos de acumulación de las fuerzas de clase para determinar en el Eurochavismo, o en la autodeterminación por el socialismo posible, caminos hacia el Alba Mediterránea, aludiendo al Alba Indo-Afro-Americana.

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