CARTA ABIERTA A LOS COMPAÑEROS DE LA RED CARACAS CHIAMA

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  No es grato tener responsabilidades asignadas por una normativa legal. Desafortunadamente el artículo 17, numeral 14 del Reglamento Orgánico del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores obliga a la Misión Diplomática  que dirijo a "DETERMINAR E INDICAR LOS MOVIMIENTOS DE SOLIDARIDAD CON LOS PUEBLOS EN EL ESTADO RECEPTOR Y CANALIZAR SU INTERACCIÓN CON VENEZUELA, EN COORDINACIÓN CON EL DESPACHO DEL VICEMINISTRO RESPECTIVO". No es grato que esta función no esté compartida con los consulados, ni que estas funciones eminentemente políticas hayan sido establecidas exclusivamente para las Misiones Diplomáticas, dejando al margen las oficinas consulares.

                No es grato porque las responsabilidades compartidas son las que permiten la vida en colectivo. Sin ellas la convivencia es salvaje. Los seres humanos escogemos deliberadamente entre alternativas y estamos conscientes que esa elección tiene y tendrá  consecuencias. La responsabilidad por ello es una carga para la libertad. La responsabilidad es una ética que no distingue entre lo individual y lo colectivo. Sólo que, en este último aspecto, une o separa cuando no se ejerce con transparencia o  es contaminada por un acto irracional de predominio.

                Todo lo anterior tiene que ver con el VI Encuentro de la Red Caracas ChiAma, decidido y convocado en Nápoles, por un pequeño sector de la red de Nápoles, para que se realice en Nápoles. La decisión debió tomarse institucionalmente en el V Encuentro de la Red Caracas ChiAma, celebrado en Roma. No se tomó, ni se votó y se ha interpretado el silencio de una manera totalmente alejada del sentido común. El silencio ni otorga ni niega, es solo silencio. Por ello no legitima a ninguna región o fracción de la Red Caracas ChiAma, en ningún lugar de Italia, a decidir donde se llevará a efecto el nuevo encuentro de movimientos de solidaridad con los pueblos en el estado receptor con Venezuela. Cualquier decisión tomada fuera del V Encuentro o tomada unilateralmente no es legítima.

                Cuando no hay normas escritas las costumbres son normas. Pero más allá del orden jurídico burgués, la ética de la responsabilidad ejercida con transparencia y equilibrio, como acto racional deliberado, no puede echar por la borda la unidad de un colectivo que tiene ya algún tiempo de existencia y al que todos hemos entregado fuerza y templanza para sostenerlo sin fracturas. Ello, en Italia, es un raro espécimen, por la confrontación permanente entre individualidades o grupos de ideas progresistas o no progresistas.

                La Red Caracas ChiAma tiene un nombre que la vincula directamente a Venezuela. Se la identifica como un colectivo o grupo de apoyo a la Revolución Bolivariana. Bolívar exigió la lealtad. Algunas veces la tuvo y otras no. Fusiló sin embargo al Libertador de Guayana por deslealtad. Pero, más que la lealtad, el Libertador venezolano privilegiaba la unidad. El Comandante Chávez heredó esta concepción bolivariana y la hizo suya. 

                Antes de él la izquierda venezolana era un archivo de siglas que no decían nada. Pura hojarasca, aparatos y cascarones vacíos. Con líderes que por jactancia y autosuficiencia se oían

solo a sí mismos. Después de él, su tolerancia permitió la unión de católicos, protestantes, masones, socialdemócratas, socialcristianos, ex guerrilleros, ultranacionalistas, izquierdistas de todas las especies, trotkistas, anarquistas, feministas y una larga lista de organizaciones que terminan en "istas" o en "ismos".

                El sectarismo, la inmadurez, la falta de crecimiento político, la soberbia, la arrogancia y hasta "la falta de ignorancia", como el sarcasmo popular llama a quienes se sienten superiores a otros, hizo imposible la convivencia entre sectores políticamente diferentes en Venezuela. Se desconocía la "unidad dentro de las diferencias" o "la convergencia dentro de la diversidad". Cuando la descubrimos comenzó a generar optimismo en los polos necesarios de poder popular.

                Se expresaba en los colectivos contra las posiciones personales o de grupo, que no tomaban en cuenta las mayorías y hasta pretendían imponerla con chantajes o con votaciones amañadas. De espaldas al interés colectivo se acordaban, y el sectarismo era un sólido sentimiento de grupo que excluía, fraccionaba y debilitaba, hasta que terminaba por liquidar valiosas experiencias de lucha social.

                Chávez nos enseñó a tolerar, pero igualmente nos enseñó a ser leales y a perseguir la unidad con el mismo afán con que la historia ha perseguido las utopías. No la fantasía de las utopías, sino ese destino común al que Marx le dio nombre. Eso que es o ha sido "unidad de clase", "socialismo científico", "alternativa a la sociedad capitalista", "sociedad de iguales", "sociedad justa" y hasta "mayor suma de felicidad posible".  

                En esta lucha, decía Chávez, la lealtad es un valor que reclama consecuencias. Es necesaria la armonía, el desinterés material, nunca la vanidad ni otras cosas con las cuales el capitalismo se ha divertido disfrazándonos de "dirigentes consecuentes y radicales". Es de esa manera como aparecen los nuevos Che, que miran por encima del hombro a los populistas y a uno que otro fascista que le estorba, porque le hace sombra o es capaz de disentir contra las verdades supuestamente definitivas.

                La continuidad de toda obra necesita unidad. Unidad de esfuerzo, de materiales, de constancia, de aceptar que la verdad es múltiple. Somos humanos y nos equivocamos. No es indispensable ser jefe de algo para construir y elaborar un proceso que posiblemente exceda nuestra vida y hasta nuestra muerte. La unidad está llena de grandes decisiones. Las pequeñas no pueden ser obstáculos para las anteriores. De allí viene un concepto de lealtad menos ortográfico, menos de diccionario y más del quehacer revolucionario, más práctico, más de la vida misma, menos autocrático. Para Chávez la lealtad pasó a ser la unidad, la unidad necesaria de todos los hombres y mujeres que se han propuesto un orden nacional e internacional que sea compatible con la justicia social.

                La política no debe ser excluyente. Tiene que ser generosa, liberadora, con espacios para el sentimiento solidario. Si algo es bolivariano en el pensamiento y accionar de Chávez es ese empeño de sentar alrededor de la misma mesa no solo a quienes son socialistas, sino a quienes son hermanos por historia, por cultura, por el porvenir y por la esperanza que les une en una

misma finalidad. En sus propósitos está la integración, la armonía social y el afán de confrontar la dispersión de la misma manera que se persigue al enemigo de clase.

                Sin pretender que algunos compañeros italianos a quienes caracteriza el afán de protagonismo, hagan suya la instrumentación con la cual hemos construido en América Latina un movimiento pluri o multicultural; sin un gens químico extraído en los espacios de un laboratorio que científicamente impida que nada separe la materia; sin cápsulas de cristal que eviten contaminaciones, sin seres asépticamente puros como aquellos de raza superior que se empeñó en hacer el nacionalsocialismo, con errores, alucinados por tradiciones y con un primitivismo aborigen, humildemente humanos, rogamos a  la Red Caracas ChiAma de Napóles que reconsidere su decisión, porque divide, fragmenta y rompe la unidad.

                De no hacerse la reconsideración que respetuosamente esta Misión Diplomática solicita, tomando en cuenta que la citada red identifica a la República Bolivariana de Venezuela y con la autoridad que confiere a esta Misión Diplomática el artículo 17, numeral 14 del Reglamento Orgánico del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores y por ser la Red Caracas ChiAma una creación solidaria en el estado receptor de algunos los movimientos de solidaridad italianos con la República Bolivariana de Venezuela en Italia, no solo de los napolitanos, imbuido por el único interés de canalizar la interacción de dichos movimientos vinculados a Venezuela, DESAUTORIZO, en mi carácter de Embajador de la República Bolivariana de Venezuela en la República de Italia, la decisión tomada por un sector de la Red Caracas ChiAma de Napóles de convocar a un VI Encuentro en la ciudad de Nápoles, de los movimientos de solidaridad con Venezuela, con su sola y única voluntad.

                Esta decisión pone en peligro la unidad de los movimientos de solidaridad que apoyan a la Revolución Bolivariana y, sin proponérselo, pudiera hasta propiciar desencuentros políticos entre importantes funcionarios del Consulado de la República Bolivariana de Venezuela en Nápoles y funcionarios de esta Misión Diplomática en Roma o en Milán, sobre todo si se toma en cuenta que una empleada local de dicho consulado a quien profesamos afectos y reconocimientos, es factor determinante en la dirección y actividad de la Red Caracas ChiAma de Napóles.

                No nos animan conflictos regionales atinentes a la sociología histórica de la República Italiana. Creemos transparentemente que la idea central de los movimientos de solidaridad italianos con la República Bolivariana de Venezuela en Italia debe ser crecer y desarrollarse en toda Italia y no solamente en Roma y Nápoles. No pretendeos el sometimiento de la red a los dictados de una Misión Diplomática o Consular, pero igualmente rechazamos que un sector, un partido, una región o un predestinado, utilice el nombre de nuestro país para fines en los cuales no hay coincidencias.

                   Regiones tan importantes como la Liguria, la Toscana y ciudades históricamente fundamentales en Italia como Livorno, Florencia, Pisa, Milán, Bologna y Torino no tienen estructuras que respondan a los intereses de una Red que no solo Venezuela sino toda América necesita, para contestar las campañas mediáticas de agresión y el debate político y diplomático

que la comunicación alienta contra la dignidad y la resistencia de países que fueron colonizados primero por Europa y luego por los Estados Unidos de América.

                Con mi mayor estima a la labor realizada por la Red Caracas ChiAma de Napóles y mi mejor sentimiento de consideración y respeto, a esta y a otras redes solidarias, les saludo afectuosamente a los 07 días del mes de diciembre de 2016.
di Julián Isaías Rodríguez Díaz - Ambasciatore in Italia della Repubblica Bolivariana del Venezuela 

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