Alerta que camina...la escuela de Fidel por America Latina

  4F-102 Por Luciano Vasapollo y Rita Martufi

Sé que el solo nombre de Fidel Castro genera las mejores y peores pasiones. En este prólogo no hablaré de las pasiones de todos, sino de la mía, ya que son pocas las ocasiones en que tengo la posibilidad de hablar, un poco más solamente, de Fidel y de mi relación con su trabajo; y porque así puedo al menos demostrar cuán grande es el respeto que tengo por Cuba.

La presencia de la ética martiana en el pensamiento de Fidel Castro se ve en sus discursos y en sus escritos, en los que sostiene que Cuba tiene entre sus fuentes de educación y de conocimiento político la gran herencia dejada por Martí(7). El aspecto en común más importante (y es triste que esto siga siendo válido hasta nuestros días) entre el marxismo y el pensamiento de Martí es el tema del imperialismo. En la obra de Martí encontramos referencias explícitas a África y Asia, y a la lucha común que tenían ante sí para liberarse del colonialismo europeo.

Desgraciadamente, Martí murió demasiado pronto, y no pudo ver como, fácil i naturalmente, sus “discípulos” de América Latina y del resto del Tercer Mundo, solamente cincuenta años después de su muerte, adaptaron las obras de Marx y de Engels (hay que subrayar que recibieron esa influencia principalmente a través de la interpretación de Lenin) a la causa de la independencia y del desarrollo, como hizo por ejemplo el Che Guevara. La importancia de Lenin como trait-de-union entre Martí y Marx es crucial en este caso.

Las líneas guía de Cuba, Venezuela, Bolivia y, en general, el ejemplo de la alianza socio-política y económica del ALBA, muestran como las reformas parciales pueden consolidarse, las tácticas y las luchas por las reivindicaciones parciales transformarse en auténticas estrategias para la superación de las grandes desigualdades y de las guerras impuestas por las leyes del capitalismo.

El problema clave, en la teoría y la práctica, es la cuestión del Estado, y más precisamente la cuestión del poder estatal, que Bolivia, Ecuador, Cuba y Venezuela han sabido dispersar y descentralizar a nivel popular.

La esencia de las ideas de Martí es en estos casos muy persistente; hasta el punto en que para Fidel Castro la educación y la necesidad de garantizar la difusión de la cultura a nivel popular ha representado siempre algo fundamental, de la misma manera que estaba presente en las ideas de José Martí: esto los cualifica a los dos como “soldados de las ideas más progresistas”.

No por casualidad, en 1953 Castro declaró que el autor intelectual del ataque al Moncada era Martí, y esto es algo que va mucho más allá de la retórica.

La oratoria de Fidel ha sido estudiada de varios modos, es refinada y amplia, se verifica en ella una profunda ética, como en Martí; su palabra responde siempre a los propósitos y a los intereses colectivos. Por esta razón ha conseguido siempre amor y empatía con los varios interlocutores con los que ha hablado.

Ha dominado como nadie la oratoria, afirma la investigadora Paola Laura Gorla(8), y así nos encontramos ante un gran líder que domina el arte de la palabra, el arte de la persuasión, capaz siempre de ser escuchado, de tener un intercambio activo con quien le escucha para obtener no solamente respuestas inmediatas sino sobre todo resultados posteriores. Hemos sido muchas veces testigos directos de la capacidad de Fidel, siempre en el punto de incitar al pueblo y, sobre todo, hacer pensar y reflexionar a la gente.

Lukács es uno de los grandes olvidos de la izquierda eurocéntrica y, sin embargo, nosotros hemos puesto siempre en el centro la Ontología del ser social, que sigue siendo el instrumento teórico más válido para entender el paso de las bases materiales de la existencia a las formas de conciencia y, así, de acción consciente.

Considero a Meszaros uno de los mayores filósofos vivos, además de estar entre los no muchos intelectuales europeos orgánicos a los procesos revolucionarios de Centro y Sudamérica, que identifica los límites absolutos del sistema del capital y plantea el problema, una vez más, de la gestión de la reproducción total de la sociedad por parte de quien la realiza materialmente: los trabajadores.

Debo recordar que Fidel ha sido un gran lector, cuidador y continuador del pensamiento martiano, antes incluso de ser marxista; así como muchos revolucionarios de su generación, ha leído y conocido profundamente la obra de Martí, y estas ideas atraviesan y modelan su idea de nación, dando gran relieve a las tradiciones culturales, a la memoria que se encuentran íntegramente en la síntesis de su concepto de revolución. Trabajar sobre esta recomposición internacional es uno de los mensajes de la batalla de ideas de Fidel, explorando la dimensión globalizante del capital, la agudización de todas las contradicciones establecidas también en el estrecho vínculo internacional de la producción y de la creación de beneficio; es un objetivo estratégico que hay que tener bien presente y sobre el cual hay que orientar la conciencia de los trabajadores, partiendo del hecho que las luchas sindicales y sociales, así como la dimensión de la producción, tienen hoy una dimensión internacional que traspasa las fronteras de todos los países.

 

 

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