Cuba y Venezuela en la actualidad del marxismo

  por Luciano Vasapollo

La desaparición del socialismo real y su tránsito a la economía de mercado han obligado a una transformación profunda en el sistema de referencias, incluso en países socialistas como Cuba y Venezuela donde se dan formas de acomodamiento económico interno que inciden sobre aspectos importantes del modelo económico aplicado y sobre el marxismo. Pero es en los países capitalistas, sobre todo en los llamados avanzados, donde se cierra con violencia el debate con el pensamiento marxista, postulando el capitalismo como única verdad para la humanidad. Esto se verifica en la academia, en la docencia y –particularmente– en los programas de estudio de economía. Hasta los años setenta fue tangible la presencia de materias críticas del pensamiento dominante y de una diversidad de textos de autores marxistas, en los que predominaba un enfoque global de la economía como ciencia social.
Escribir hoy de marxismo sería un mero ejercicio teórico si no fuésemos capaces de “actualizar” las categorías marxistas para comprender el capitalismo contemporáneo. Si es cierto que uno de los más grandes legados del revolucionario de Tréveris es el de su metodología –a través de la cual es posible leer e interpretar las tendencias de la economía capitalista para poder luego actuar para transformarla y superarla (mediante el socialismo)–, entonces ningún marxista debería preocuparse por que Marx no lo haya “dicho todo”.
Sin embargo, lo que se oficializó fue un marxismo ortodoxo y en una dimensión propagandística burocrática que llevó a su dogmatización, al punto de etiquetar como antimarxistas y de excluir de la “corriente principal” a pensadores como Gramsci, Lukács, Althusser, Che Guevara y otros que no quisieron renunciar a su propia originalidad. El dogmatismo condujo a diversas interpretaciones extremas del marxismo, a un cierto teoricismo y a la pérdida de contacto con la realidad, tanto del mundo socialista como del capitalista;
en esas circunstancias, el marxismo genuino, innovador y contextual, no pudo concentrarse y denunciar eficaz y oportunamente las contradicciones del socialismo real, que lo llevaron más tarde al colapso.
Lenin pensaba que la transición del capitalismo a un régimen “superior” podía realizarse en un solo país y que, bajo determinadas circunstancias aparentemente desfavorables, tal vez ello ocurra en los considerados eslabones más débiles del sistema y no donde el capitalismo hubiese agotado sus posibilidades de desarrollo, como previeron Marx y Engels. Esta idea agrega mayor complejidad a toda transición, no solo en relación con su rumbo sino con las condiciones de vínculos orgánicos con los movimientos impulsores de los procesos de transformación.
No debe olvidarse la tesis de Guevara que plantea que muchos países “subdesarrollados”, incluso con gobiernos democráticos y progresistas, son aliados del capital financiero internacional, constituyendo –en los hechos– polos semi-periféricos de expansión del capital. Contra la ortodoxia y la superficialidad, que con frecuencia han contaminado a muchos intelectuales, y contra la utilización impropia, mística e interesada de Marx y su obra, hoy se recupera la lección del “maestro de la crítica de la economía política” con
seriedad y aspiraciones de conducir una profunda crítica contra las nuevas formas que asume el capital. En ese intento aparecen temas considerados centrales en la actual dinámica del capitalismo.

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